miércoles, 26 de noviembre de 2014

INSEGURIDAD CIUDADANA VS. OPORTUNIDADES

Necesitamos propuestas que ayuden a los jóvenes a integrarse en la sociedad como ciudadanos normales, no como delincuentes.
COMBATAMOS LA DELINCUENCIA JUVENIL CON OPORTUNIDADES.
Cuatro de cada diez jóvenes en San Juan de Miraflores consumen drogas desde temprana edad, según la policía del distrito.

Tienen una vestimenta muy descuidada, la cual evidentemente no ha tenido contacto  alguno con el agua y el jabón durante un largo y prolongado tiempo, al igual que sus dueños. Uno de ellos, el cual mantendré en el anonimato, lleva puesto un blue jeans roto en una de las rodillas y el cual le queda muy suelto debido a su delgada contextura, una camiseta desgastada que algún día fue blanca, pero ahora se torna marrón.
Son un grupo de jóvenes que han caído en el despiadado vicio de la droga, en sus rostros se evidencia la pobreza, sus mejillas se encuentran manchadas y tienen ojeras que resaltan demasiado, llevan el cabello largo y enmarañado de un color negro y un olor desagradable.

Viernes, 19:00 horas de la noche, estaba a 4 cuadras de mi casa en San Juan de Miraflores, saque a pasear a mis perros. Pasé por el lado de ellos para coger el camino que me llevaba a casa. Pude sentir ese hormigueo en la parte posterior de mi cuello cuando camina por aquel callejón.

De lejos giré a verlos, y pude notar que una chica más paso por aquel lugar, mis perros comenzaron a ladrar y vi también a un joven jalarla con tal fuerza que la hizo caer de rodillas y le arrancó su bolso. El tipo que cometió el asalto llevaba un terno, y tenía un aspecto formal, yo jamás hubiera sentido miedo de alguien como él. De pronto, uno de los drogadictos, el del blue jean roto, se puso en pie e intentó defender a la víctima. -¡Bang!- , se oyó el estremecedor sonido de una bala y el valiente chico que intentó defenderla estaba herido. Todo fue tan rápido que pasó en menos de 3 minutos, pero fue como si mi cerebro hubiera congelado cada imagen, cada segundo, cada parte de aquel momento tan espeluznante. Llamé de inmediato a la policía, llegó el comisario Hildebrando Delgado Prado, él y su equipo lograron capturar al criminal. Llevaron al herido al hospital de María Auxiliadora, al criminal a la comisaría de San Juan de Miraflores, y  la víctima fue llevada a su casa.

Al día siguiente, me acerqué a conversar con el comisario, Hildebrando Delgado, y él informó sobre unas charlas de rehabilitación que los mismos policías de la comisaría daban tres veces a la semana, sin recibir ningún pago extra. Y quiénes mejor que ellos, que conocen la peor parte de nuestra sociedad, para orientar a estos jóvenes, que más que correccionales duras, merecen oportunidades. Y aconsejó que el joven asistiera a las charlas. El comisario explicó también que el consumo de drogas se ha incrementado en 18.9% respecto al año anterior porque los niños y adolescentes asocian la diversión con el alcohol y las drogas, y que cuatro de cada diez jóvenes en San Juan de Miraflores consumen drogas desde temprana edad.

El muchacho aún se estaba recuperando en el hospital, fui a verlo, tenía sus datos y pregunté en una oficina dónde podía hallarlo, era horario de visita pero yo era menor de edad y no me dejaron entrar. Hablé con el doctor que lo atendió, Roberto Rosas Mejillón, dijo que la herida que causó la bala solo fue superficial, y que el paciente tuvo mucha suerte. “Tenemos tres casos de niños menores de 11 años adictos a la cocaína y otros dos de este mismo rango de edad que no pueden dejar la marihuana”, agregó también el doctor.

Esperé a que le dieran de alta, y cuando salió me acerqué a hablar con él. Me respondió tranquilo, conversamos toda la tarde. Pregunté por su adicción a la droga. Su respuesta me dejo reflexionando mucho tiempo, pues me di cuenta cuanto puede influir la falta de un padre, y la destrucción de una familia en un niño.
Lo convencí de asistir a las charlas, y se rehabilitó. Ahora lo conozco mejor, es un buen chico y él lleva a sus amigos a esas charlas que solidariamente ofrecen estos policías, y el grupo de “Seguridad Ciudadana en el Barrio”, que también se ha sumado a esta importante labor.

Existen muchos jóvenes como él, que no necesitan ser juzgados por su apariencia, o por sus actos. Jóvenes que no tienen un futuro porque se sienten marginados por la misma sociedad, aún podemos ayudarlos a integrarse, ayudarlos a ser ciudadanos de bien.
No cometamos en error de muchos, confiarnos en un traje y una corbata. Y juzgar unos harapos sucios y gastados. 

Combatamos la inseguridad ciudadana y delincuencia juvenil con oportunidades, con centros recreativos, con orientaciones adecuadas, con afecto, con solidaridad, con todos los valores posibles  y con una mayor inversión de tiempo para ellos. Con un poco de amor podremos rescatar a muchos jóvenes.



jueves, 12 de junio de 2014

SI QUEREMOS VENCER LA INSEGURIDAD CIUDADANA, ACABEMOS CON LA DROGA

En los últimos años, en nuestro país y en el mundo, se observa un incremento de la delincuencia ejercida por jóvenes quienes envalentonados por los efectos de las drogas causan problemas en la seguridad ciudadana, afectando a la sociedad en su conjunto.  Las consecuencias de la drogadicción no se hacen esperar, ya que esto provocaría que los individuos  cuyas percepciones han sido influenciadas no solo sufran una restricción en  su propia libertad, sino que afecten la de otros. De este modo se traza un círculo vicioso, cuyas manifestaciones de carácter cualitativo se transforman permanentemente.


Usualmente, las personas usan drogas porque quieren cambiar algo en sus vidas. Estas son algunas de las razones por las que los jóvenes usan drogas: Para ser aceptados, para escapar o relajarse, para mitigar el aburrimiento, para verse maduros, para ser rebeldes, o para experimentar. Ellos piensan que las drogas son una solución. Pero al final, las drogas se convierten en el problema. Las consecuencias del uso de drogas siempre son peores que el problema que uno intenta resolver con ellas.


Según DEVIDA: "La inseguridad ciudadana en el país está asociada a la oferta y demanda de drogas, en sus distintas modalidades. El consumo de drogas mantiene una relación estrecha con la micro-comercialización de drogas, el pandillaje, las barras bravas, la delincuencia, la promiscuidad sexual, entre otros comportamientos de riesgo".


La Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, realizada por DEVIDA, señala que Lima Centro (Cercado, Breña, La Victoria, El Agustino, Jesús María, Magdalena, Pueblo Libre, San Miguel, San Luis, San Borja, San Isidro y Miraflores) es la zona que registra las más altas prevalencias de consumo de alcohol y tabaco. En el caso de drogas ilegales, el Callao es la zona que registra las más altas prevalencias anuales de consumo de marihuana (2.5%), PBC (7.8) y cocaína (1.1), seguido de Lima Centro (marihuana: 1.3%; PBC: 2.4%; cocaína: 0.8%) y de las demás zonas de la ciudad, que registran prevalencias significativamente menores.


Las consecuencias de las drogas son graves. En lo fisiológico, el joven experimenta diferentes cambios y alteraciones en su sistema nervioso central, que lo lleva progresivamente a una intoxicación general que puede provocarle un ataque cardíaco. En lo mental, el joven comienza a tener diferentes trastornos: Se deprime fácilmente, es neurótico y sufre de alucinaciones y tendencias paranoicas. También con el paso del tiempo el adicto se vuelve literalmente un esclavo de la droga, hace lo que sea para conseguirla y  se ve  envuelto en actos violentos, ya que bajo los efectos de la droga se puede cometer crímenes y asesinatos.


En fin, las consecuencias que traen consigo el consumo de
 drogas son que cambian totalmente la vida del joven 
convirtiéndola mucha veces en un rechazado social, en otros casos, en vivir una vida de miseria. Las drogas son una pérdida de tiempo. Ellas destruyen tu memoria, respeto y autoestima.

martes, 3 de junio de 2014

SEGURIDAD CIUDADANA, UN COMPROMISO DE TODOS


Somos conscientes de que la inseguridad ciudadana incide negativamente en el desarrollo social, cultural, económico y educativo de nuestro país. Por tanto , se tiene que encontrar, con urgencia, medidas que solucionen esta problemática. La policía en conjunto con los gobiernos locales y la sociedad civil tienen que trabajar para proponer y hallar dichas acciones. Pero, ¿son realmente suficientes para combatir la inseguridad ciudadana?

La ciudad de Lima cuenta con 9,621 policías, distribuidos en las 134 comisarías que resguardan a los 9´172,734 habitantes de la capital. Esto significa que hay un policía por 953 personas cuando el estándar de la ONU recomienda que haya un efectivo por cada 250 pobladores, señala un reciente estudio de la empresa Mapcity.           

Nilton Yanac, jefe de Inteligencia, explicó que existen 134 comisarías en las que laboran 9,621 efectivos policiales, los que deben resguardar a 9 millones 172 mil 734 limeños. Pero hay distritos que sí se acercan al promedio internacional, como San Isidro, que tiene un policía por cada 250 residentes, y el Cercado, con uno por cada 395 vecinos. Pero hay comunidades que viven una situación grave. Daré dos ejemplos: Puente Piedra (un agente por cada 1,045 habitantes) y San Juan de Lurigancho (uno por cada 1,359).                                                         

Por todo lo anterior, ¿cómo se supone que el gobierno combatirá la delincuencia y la inseguridad ciudadana si discrimina a sectores que necesitan más efectivos policiales? La seguridad ciudadana es un compromiso de todos y si todos no están realmente involucrados con el cambio, jamás nos liberaremos del infierno que persigue a Lima desde hace ya mucho tiempo.