Necesitamos
propuestas que ayuden a los jóvenes a integrarse en la sociedad como ciudadanos
normales, no como delincuentes.
COMBATAMOS LA DELINCUENCIA JUVENIL CON OPORTUNIDADES.
Cuatro de cada diez jóvenes
en San Juan de Miraflores consumen drogas desde temprana edad, según la policía
del distrito.
Tienen una vestimenta muy descuidada, la cual
evidentemente no ha tenido contacto
alguno con el agua y el jabón durante un largo y prolongado tiempo, al
igual que sus dueños. Uno de ellos, el cual mantendré en el anonimato, lleva
puesto un blue jeans roto en una de las rodillas y el cual le queda muy suelto
debido a su delgada contextura, una camiseta desgastada que algún día fue
blanca, pero ahora se torna marrón.
Son un grupo de jóvenes que han caído en el
despiadado vicio de la droga, en sus rostros se evidencia la pobreza, sus
mejillas se encuentran manchadas y tienen ojeras que resaltan demasiado, llevan
el cabello largo y enmarañado de un color negro y un olor desagradable.
Viernes, 19:00 horas de la noche, estaba a 4
cuadras de mi casa en San Juan de Miraflores, saque a pasear a mis perros. Pasé
por el lado de ellos para coger el camino que me llevaba a casa. Pude sentir
ese hormigueo en la parte posterior de mi cuello cuando camina por aquel callejón.
De lejos giré a verlos, y pude notar que una
chica más paso por aquel lugar, mis perros comenzaron a ladrar y vi también a
un joven jalarla con tal fuerza que la hizo caer de rodillas y le arrancó su
bolso. El tipo que cometió el asalto llevaba un terno, y tenía un aspecto
formal, yo jamás hubiera sentido miedo de alguien como él. De pronto, uno de
los drogadictos, el del blue jean roto, se puso en pie e intentó defender a la
víctima. -¡Bang!- , se oyó el estremecedor sonido de una bala y el valiente
chico que intentó defenderla estaba herido. Todo fue tan rápido que pasó en
menos de 3 minutos, pero fue como si mi cerebro hubiera congelado cada imagen,
cada segundo, cada parte de aquel momento tan espeluznante. Llamé de inmediato
a la policía, llegó el comisario Hildebrando Delgado Prado, él y su equipo
lograron capturar al criminal. Llevaron al herido al hospital de María
Auxiliadora, al criminal a la comisaría de San Juan de Miraflores, y la víctima fue llevada a su casa.
Al día siguiente, me acerqué a conversar con
el comisario, Hildebrando Delgado, y él informó sobre unas charlas de
rehabilitación que los mismos policías de la comisaría daban tres veces a la
semana, sin recibir ningún pago extra. Y quiénes mejor que ellos, que conocen
la peor parte de nuestra sociedad, para orientar a estos jóvenes, que más que
correccionales duras, merecen oportunidades. Y aconsejó que el joven asistiera a
las charlas. El comisario explicó también
que el consumo de drogas se ha incrementado en 18.9% respecto al año
anterior porque los niños y adolescentes asocian la diversión con el alcohol y las
drogas, y que cuatro de cada diez jóvenes en San Juan de Miraflores consumen
drogas desde temprana edad.
El muchacho aún se estaba recuperando en el
hospital, fui a verlo, tenía sus datos y pregunté en una oficina dónde podía
hallarlo, era horario de visita pero yo era menor de edad y no me dejaron
entrar. Hablé con el doctor que lo atendió, Roberto Rosas Mejillón, dijo que la
herida que causó la bala solo fue superficial, y que el paciente tuvo mucha
suerte. “Tenemos tres casos de niños menores de
11 años adictos a la cocaína y otros dos de este mismo rango de edad que no
pueden dejar la marihuana”, agregó también el doctor.
Esperé a que le dieran de alta, y cuando
salió me acerqué a hablar con él. Me respondió tranquilo, conversamos toda la
tarde. Pregunté por su adicción a la droga. Su respuesta me dejo reflexionando
mucho tiempo, pues me di cuenta cuanto puede influir la falta de un padre, y la
destrucción de una familia en un niño.
Lo convencí de asistir a las charlas, y se rehabilitó.
Ahora lo conozco mejor, es un buen chico y él lleva a sus amigos a esas charlas
que solidariamente ofrecen estos policías, y el grupo de “Seguridad Ciudadana
en el Barrio”, que también se ha sumado a esta importante labor.
Existen muchos jóvenes como él, que no
necesitan ser juzgados por su apariencia, o por sus actos. Jóvenes que no
tienen un futuro porque se sienten marginados por la misma sociedad, aún
podemos ayudarlos a integrarse, ayudarlos a ser ciudadanos de bien.
No cometamos en error de muchos, confiarnos
en un traje y una corbata. Y juzgar unos harapos sucios y gastados.
Combatamos
la inseguridad ciudadana y delincuencia juvenil con oportunidades, con centros
recreativos, con orientaciones adecuadas, con afecto, con solidaridad, con
todos los valores posibles y con una
mayor inversión de tiempo para ellos. Con un poco de amor podremos rescatar a muchos
jóvenes.